martes, 11 de abril de 2017

Agradecer no es cortesía, sino la señal de un poder extraordinario

Agradecer no es cortesía, sino la señal de un poder extraordinario
Por Edith Sánchez

Agradecer para muchos es un acto de cortesía casi automático. Dar gracias cuando te dan un regalo, cuando te hacen un favor o cuando otros tienen un gesto de amabilidad. El resto del tiempo no parece que sea importante agradecer por algo. La gratitud, entonces, se ha reducido a unas circunstancias específicas, básicamente de corte social.

Incluso en esas situaciones puntuales en las que cabe agradecer, muchas veces la gratitud no se experimenta desde el fondo del corazón. Sólo en los casos más extremos decimos “gracias” con total convicción. Y pasado un tiempo el sentimiento se desvanece.
“Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma.”
-Marcel Proust-

Habrá quien piense que esto es lo adecuado. De eso se trata: decir “gracias” en el momento justo y, si es posible, devolver el favor, o la atención que nos han prodigado. ¿Para qué más? Aunque en el mundo actual eso sea cierto, actuando de esa manera en realidad estamos banalizando la gratitud. Olvidamos que esta es una fuerza extraordinaria, que contribuye a tener una mejor salud mental y que, muchas veces, desaprovechamos.

Agradecer es mucho más que decir “gracias”
¿Por qué a muchos les cuesta agradecer?
Hay muchas personas que sienten que no tienen nada que agradecerles a los demás.
Enumeran detalladamente las ocasiones en las que necesitaron algo y no recibieron la ayuda esperada. O la infinita cantidad de situaciones en que dieron algo a los demás y no fueron correspondidos. Su balanza entre lo que dan y lo que reciben siempre se inclina en contra de la gratitud.
Probablemente opera una lógica en la que los demás siempre están en deuda.
Se espera de los otros más de lo que pueden dar y, por eso, obviamente, siempre se quedan cortos. Creen que “pudieron haber dado más”. Así que, ¿por qué agradecer?

Quienes así piensan, suelen ser personas muy mimadas o cuyo ego ha sido exaltado desmedidamente
Cuando hay una alta dosis de narcisismo nunca será suficiente lo que den los otros, o lo que les proporcione la vida. Siempre van a sentir que se merecía más y, por supuesto, van a existir muchos más motivos para renegar que para agradecer.

La gratitud tiene poder
El agradecimiento es algo que se da al otro, a los otros, o a algo abstracto. Pertenece al mundo del dar, no del recibir. Pero como se anotaba antes, el sólo hecho de estar en actitud de agradecer, implica un gusto, una satisfacción, una suerte de felicidad.  También ennoblece el corazón.

De no ser por las acciones de otros, probablemente, ni siquiera estaríamos vivos.
Si lo estamos es gracias a esa madre que nos gestó, que sufrió los dolores del parto para darnos a luz y que preservó nuestra vida cuando no podíamos hacerlo por nosotros mismos. No importa si ella misma no estaba lista para ser madre, o si pudo hacerlo mejor. Es solo acto de la maternidad ya implica una ofrenda. También cuentan quienes ayudaron a que naciéramos, a que creciéramos, a que no muriéramos en esos vulnerables primeros años.
De ahí en adelante tenemos maestros que nos han instruido, compañeros de juegos, a veces amigos que nos han escuchado, a veces amores que han apostado por nosotros, a veces gente que ha confiado en nuestro trabajo.
Nuestro día a día es posible gracias a muchas personas, pero a veces no lo notamos.
No somos capaces de ver su gran aporte. Más bien nos concentramos en lo que dejan de hacer.  Vivir agradecidos es vivir muy cerca de la felicidad. Más que una virtud, o un valor, es una actitud frente a la vida.
Sólo se puede agradecer si se es humilde. Si se comprende que nadie nos debe nada, ni tiene la obligación de complacernos. Cuando entendemos eso, damos un gran paso hacia adelante.
Edith Sánchez

La Mente es Maravillosa