lunes, 18 de septiembre de 2017

Las enfermedades no comienzan en el cuerpo, terminan en él, comienzan en las esferas superiores del ser humano.

Las enfermedades no comienzan en el cuerpo, terminan en él, comienzan en las esferas superiores del ser humano.

Si tuviera la oportunidad de charlar con su enfermedad, ¿qué le diría? ¿Si pudiera prevenir el cáncer lo haría? ¿Sabe que muchas de las enfermedades físicas provienen del mal manejo de las emociones? Estudiosos siguen evaluando la teoría de que el cuerpo grita lo que las emociones no logran comprender.


Imagine que usted tiene el poder mental de hacerse un escáner con ayuda de su mente. Usted se realizará una Autoscopia. Acuéstese, cierre los ojos, y visualice sus órganos. Empiece desde la cabeza, y vaya bajando. Deténgase en cada zona y escúchese. Hay quienes realizan esta práctica y logran, tras mucha concentración, detectar cuáles partes del cuerpo se encuentran enfermos.
Y después le hablan a cada órgano. Lo escuchan, no luchan contra la enfermedad, sino que al contrario logran revisar a partir de ella cuáles son las emociones que no han podido evacuar. Imagine que los glóbulos blancos acaban con ese tumor.

Detrás de cada enfermedad
Definitivamente el cuerpo grita. Y grita esas iras, esas tristezas, esa falta de perdón.
Así lo explican los expertos interesados en el tema de las somatizaciones. Incluso, culturas orientales les han dado a cada enfermedad una explicación sobre cuál es la emoción no resuelta.
Y algunos profesionales se han acogido a estas teorías, para evaluar incluso qué se esconde detrás de un cáncer.
Por ejemplo, hay quienes afirman que un cáncer en el hígado es producto de las iras, de la falta de control. Otros afirman que las gripes continuas reflejan esa baja de defensas y lo que segregan son esas emociones que no dejan salir, que retienen, que no sueltan.
Vanguardia Liberal presenta este enfoque de las enfermedades, que no surgen en el cuerpo sino en el alma y que terminan en el cuerpo y no al revés.

El lenguaje del cuerpo

Hígado: Ira, soberbia, intensa, falta de voluntad, incapacidad para expresar.

Bazo: Preocupación, ansiedad y exceso de nerviosismo.

Estómago: Ansias, poca vitalidad, preocupación por las experiencias con la gente.

Páncreas: Sentimiento de culpa crónica

Vesícula: Indeciso, mala digestión.

Intestino delgado: Problemas para ver la parte buena de las personas.

Intestino grueso: Fuerte apego a viejos re-cuerdos dolorosos con incapacidad de dejarlos atrás.

Hipotiroidismo: Mala expresión a la personalidad.

Hipertiroidismo: Aceleración ante la vida, incapacidad de apreciar bien los mejores proyectos y momentos de la vida.

Riñones: temores profundamente arraiga-dos.

Pulmones: Emociones reprimidas, poca energía.

Es bueno entrar a revisar
1 El resfrío “fluye” cuando el cuerpo no llora.

2 El dolor de garganta “cierra” (tapona) cuando no es posible comunicar las aflicciones.

3 El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.

4 La diabetes invade cuando la soledad duele.

5 El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.

6 El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.

7 El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.

8 Las alergias aparecen cuando el sentido de perfeccionismo es intolerante.


Hablan los expertos

* Pedro Pablo Díaz, médico Saludar
La concesión del ser humano no se puede dirigir solo al cuerpo como lo hace la medicina tradicional, que solo quita el dolor, el órgano malo, sino ir a la esfera de las emociones, de los sentimientos. Ahí es donde se anida el 100% de las enfermedades; todas tienen un origen emocional. Ocurre igual con los recién nacidos enfermos, en ese punto debemos entrar a mirar la parte emocional de los padres, el momento de la concepción, el deseo por ese niño.

En los adultos también debemos mirar los miedos al abandono, a quedarse solos, a su relación con los abuelos, a las traiciones, a las infidelidades, a la cantidad de elementos que de no ser manejados en forma adecuada, de no poder hacer sinergia, no poder contar, de no elaborarles un duelo, pueden repercutir y el que paga los platos rotos es el cuerpo.

* José Antonio Ramírez, docente y autor del libro ‘Cómo liberarse del cáncer’
Todas las enfermedades que reposan en el lado derecho del cuerpo humano son conflictos con el sexo masculino, pues ese lado es el que gobierna la parte racional, y el lado izquierdo con el sexo femenino, lado que se gobierna con el hemisferio de la intuición. Por ejemplo, hemos evidenciado que las personas que sufren cáncer de mama derecho han tenido problemas con conflictos relacionados con un hombre y esa falta de perdón.
La caja de resonancia es el cuerpo, las enfermedades no comienzan en el cuerpo, terminan en él, comienzan en las esferas superiores del ser humano. El cáncer es el grito adolorido de un alma oprimida, así dicen algunos autores.
Con el cáncer hay gente que se queda, los que realmente tienen consciencia de la necesidad de transformar radicalmente sus vidas de los aspectos emocionales. De esa historia, de ese pasado. Y se requiere fe para sanarse, no se puede tener uno 98% de fe, se necesita un 100%.
No podemos decir, ¿será que esto funciona? Se trata de creer, no dejar margen a la resistencia, a la desesperanza. Se trata de transformar la mente y empezar por la sanación del alma para tener curación corpórea. Deben sanarse de los episodios del pasado, resentimientos, soberbia, conflicto, por ahí debe empezar la sanación; luego llega la curación. Vemos personas soberbias, impositivas, que siguen pensando en la fuerza bruta, y tienen cáncer, pero así no llegan al camino de la sanación. Y una cosa es la espiritualidad, el amor, la ayuda a la humanidad. Una persona cargada energéticamente de cosas buenas, tiene células buenas, contrario a las personas que tienen células cargadas de energías negativas, no tienen buena salud. Vi morir a mi papá de un cáncer espantoso y dije, esto es mucho más que una enfermedad. No era mirar la patología desde la parte médica, sino la relación de la enfermedad con su pasado escondido. Detrás de cada cáncer existe un episodio doloroso no resuelto, tragado en soledad.


Paola Bernal León. Vanguardia.com