jueves, 23 de octubre de 2014

El aspecto facial : ¿predice tu personalidad?

La expresión facial como indicador de nuestra personalida. Club del Lenguaje No Verbal El aspecto facial : ¿predice tu personalidad?
La expresión facial como predictor de nuestra personalidad. Club del Lenguaje no Verbal.
Estimados suscriptores del Club del Lenguaje no Verbal, el artículo elaborado por Raluca Petrican y Cheryl Grady pertenecientes a la Universidad de Toronto (Canadá) y por Alexander Todorov de la Universidad de Princeton (USA), que hoy presentamos, aborda el interesante aspecto de cómo nuestra apariencia facial influye en los juicios acerca de nuestra personalidad.
Efectuar juicios de carácter basándose en la apariencia facial influye en las decisiones y en los comportamientos interpersonales. Para abordar este tema trabajamos con 51 parejas de ancianos casadas desde hace años. Los participantes fueron fotografiados, mientras se les pedía mantener una expresión emocionalmente neutra. Se empleó un programa informático de evaluación facial para generar las puntuaciones de los rasgos de honradez, dominación y atractivo, basadas en las fotografías de los participantes.
Debido a que la evaluación del potencial peligro en otro individuo es crucial para el funcionamiento exitoso y el bienestar, los seres humanos hemos desarrollado mecanismos rápidos, intuitivos y espontáneos de deducción, basados únicamente en los atributos físicos de nuestros congéneres. A través de una serie de rasgos de una persona generamos diversas evaluaciones y juicios precipitados sobre ella, que suelen permanecer intactos a pesar del paso del tiempo. Se han documentado algunos vínculos constantes entre la apariencia facial y la personalidad real de las personas. Los adultos mayores parecen ser jueces más indulgentes que la gente más joven, no sólo de su propia personalidad sino de la de otras personas. Los adultos jóvenes y mayores emplean señales faciales similares a la hora de inferir la personalidad de un sujeto.
El presente estudio examinó la relación entre los rostros evaluados por ancianos que llevaban mucho tiempo casados, con una muestra de imágenes lógicamente muy familiar, y los analizados por gente que desconocía a las personas que aparecían en las fotografías. El objetivo era probar si la apariencia facial ejerce un efecto duradero de los juicios sobre personalidad, incluso para los participantes familiarizados con el rostro evaluado. Una de las dimensiones estudiadas fue la de valencia/confiabilidad y fue utilizada para reflejar las variaciones en la percepción de intenciones positivas o negativas y para determinar la valencia interpersonal de los juicios realizados, así como las decisiones posteriores de acercarse o de evitar un objetivo concreto. Otra dimensión de evaluación empleada fue la de poder/dominio.
Un aspecto alegre en un rostro está vinculado a una mayor extraversión de la persona. Existen evidencias de que una predisposición durante toda la vida para experimentar ciertos estados emocionales puede hacer que estos permanezcan impresos en la cara, siendo visibles aun en condiciones emocionalmente neutras. La sonrisa, por ejemplo, tiende a ser sobreestimada, siendo utilizada en ocasiones erróneamente como un indicador de mayor extraversión o  de otras características positivas de la personalidad de un sujeto. Los individuos con una apariencia más digna de confianza recibieron las evaluaciones de personalidad más positivas, tanto por parte de desconocidos como por sus propios cónyuges, al margen del tiempo que llevaran juntos. Comportamientos emocionalmente expresivos, como sonreír, son indicadores válidos de extraversión y de predisposición vital a experimentar estados emocionales positivos que quedan impresos en la cara. Los mayores de edad adulta, sobre todo a partir de los 60 años, experimentan un cambio en los objetivos sociales de los individuos, tendiendo a perseguir estados emocionalmente gratificantes y armoniosos en lugar de interacciones sociales competitivas.
La presente investigación es sólo un primer paso hacia la comprensión de los mecanismos responsables de los efectos persistentes en la apariencia facial a la hora de efectuar evaluaciones de personalidad, mucho más allá de la etapa de las primeras impresiones. La apariencia facial ejerce un efecto duradero sobre las evaluaciones de personalidad de los cónyuges. Los rasgos faciales de aquellos cónyuges que llevan largo tiempo juntos se encuentran de algún modo en desventaja, ya que se interpretan de manera ciertamente sesgada tras años de posibles conflictos en la relación.
Esta investigación tiene algunas limitaciones. Una es el uso exclusivo de una muestra de personas mayores. Hay algunas evidencias de que, en relación a los adultos más jóvenes, los adultos mayores son más sensibles a las señales emocionales positivas sutiles, como el de la confianza que puede inferir una expresión. Una segunda limitación de la presente investigación sería la falta de criterios más objetivos de comportamiento para evaluar un perfil positivo de una personalidad global. Estudios recientes documentan que, en respuesta a la apariencia facial en solitario (es decir, sin ningún conocimiento adicional del objetivo individual), los participantes pueden evaluar de igual manera, por ejemplo, a un criminal de guerra que a un héroe de guerra, a un ejecutivo que ha delinquido que a uno honesto digno de confianza, a un estudiante ejemplar que a otro que se dedica a copiar en los exámenes.
En resumen, el presente estudio proporciona evidencias elocuentes de que la apariencia de la cara ejerce un impacto generalizado concreto en los participantes, que son capaces de emitir juicios globales y específicos solo con observar los diferentes rostros presentados.
Fundación Universitaria Behavior & Law
Traducción: Nahikari Sánchez
Edición: Belén Alcázar