domingo, 4 de septiembre de 2011

Cambiándome a mí mismo cambio al mundo que me rodea

Cambiándome a mí mismo cambio al mundo que me rodea

Puedes cambiar muchas situaciones desagradables cam­biando algo dentro de ti. El modo en que te trata la gente y las oportunidades que se te presentan están determinadas por tus actitudes, energía y amor. Si no te sientes estimulado en tu trabajo, quizá sea porque no te estimulas tú mismo. Si no te sientes valorado por tu jefe, tus compañeros o tus empleados, quizá sea porque no has aprendido a apreciarte a ti mismo. Cuando hayas aprendido a valorarte y estimularte, encontrarás que los demás también lo hacen. Antes de despedirte de tu trabajo, piensa en lo que no te gusta en él y pregúntate si tu experiencia es un reflejo de tu propia relación contigo mismo. Si no cambias la actitud que ha creado esta situación, la volverás a reproducir vayas donde vayas.

Si deseas recibir algo, empieza dando algo tú primero. Si quieres ser respetado, empieza por respetarte a ti mismo y a los demás. Si quieres mejorar tu trabajo, no preguntes qué puede hacer tu jefe por ti; pregunta "¿Cómo puedo contribuir a mi trabajo?" Lo que tu trabajo te aporta puede cambiar espectacularmente si contribuyes de la mejor manera posible, trabajas con actitud positiva, haces más de lo que se te pide y previenes las necesidades sin que se te exija.

Los que sirven a otras personas y ganan mucho dinero al mismo tiempo son personas que van al trabajo con alegría, aman lo que hacen, están dispuestas a trabajar horas extra y se preocupan por el bienestar de los que sirven. Desarrolla tu disposición a ofrecer lo mejor, estés donde estés, y obtendrás mayor abundancia.

Una mujer que trabajaba en una gran empresa solía disfrutar de su trabajo pero, últimamente, se sentía abrumada por la carga y empezó a sentirse a disgusto. Pensó en dejarlo y confió su descontento a su jefe. Siendo razonable, él le pidió que hiciera una lista de todas sus tareas y que examinara cuáles le gustaban y cuáles no. Valorando el modo de emplear su tiempo, descubrió que se dedicaba más a tareas pequeñas que a las más grandes y significativas, que le gustaban. No queriendo inco­modar a los demás, no había delegado trabajos ni había pedido ayuda. Vio que, aunque estuvo culpando a los demás por cargarle demasiado, tenía que aprender a cuidar de sí misma antes de poder recibir la atención de los demás. Decidió hacer algunos cambios.

Separó las tareas que le gustaban de las que le molesta­ban. Se dio cuenta de que aquello que le desagradaba no empleaba, realmente, sus aptitudes superiores y que podía ser delegado a otra persona, que se sentiría estimulada y contenta por ello. Desprendiéndose de su esfuerzo por abarcarlo todo y concentrándose en la puesta en práctica de sus capacidades, fue muy importante para la empresa y presentó muchas ideas creativas e innovadoras. También empezó a amar a su trabajo. Estimulándose a sí misma, descubrió que su empleo también la estimulaba. Cambiando una parte de sí, transformó su trabajo en una actividad placentera.

Si no te gusta ir a trabajar cada día, si no estás de acuerdo con la filosofía y los objetivos de tu empresa, si no comprometes tu mejor faceta y no disfrutas de lo que tú y tus compañeros hacéis, tu trabajo no contribuye nada en tu vida. Es hora de buscar otro. Sé sincero contigo mismo. ¿Te gusta, básicamente, tu trabajo siendo unos pocos elementos los que te disgustan de él? Si vas a trabajar cada día pensando cuánto odias tu empleo, si no tienes la capacidad de resolver los problemas que en él se plantean, no escuchas tu guía interior que te dice que algo mejor te está esperando. Mucha gente permanece en un trabajo mucho después de haber perdido toda ilusión por él, pensando que no hay nada mejor para ella.