jueves, 23 de diciembre de 2010

Para meditar en Navidad

De prisa, entré en la tienda por departamentos a comprar unos
regalos de Navidad a última hora. Miré a mi alrededor toda la gente
que allí había y me molesté un poco. "Estaré aquí una eternidad; con
tanto que tengo que hacer" pensé.
La Navidad se había convertido ya casi en una molestia. Estaba
deseando dormirme por todo el tiempo que durara la Navidad. Pero me
apresuré lo más que pude por entre la gente en la tienda. Entré en
el departamento de juguetes. Otra vez más, me encontré murmurando
para mí misma, sobre los precios de aquellos juguetes. Me pregunté
si mis nietos jugarían realmente con ellos. De pronto, me encontré
en la sección de muñecas. En una esquina, me encontré un niñito,
como de 5 años, sosteniendo una preciosa muñeca.
Estaba tocándole el cabello y la sostenía muy tiernamente. No me
pude aguantar; me quede mirándolo fijamente y preguntándome para
quién sería la muñeca que sostenía, cuando de pronto se le acercó
una mujer, a la cual él llamó tía. El niño le preguntó: "¿Estás
segura que no tengo dinero suficiente ?" Y la mujer le contestó, con
un tono impaciente: "Tú sabes que no tienes suficiente dinero para
comprarla."
La mujer le dijo al niño que se quedara allí donde estaba mientras
ella buscaba otras cosas que le faltaban. El niño continuó
sosteniendo la muñeca.
Después de un ratito, me le acerqué y le pregunte al niño para quién
era la muñeca. El me contestó: "Esta muñeca es la que mi hermanita
deseaba con tanto anhelo para Navidad. Ella estaba segura que Santa
Claus se la iba a traer."
Yo le dije que lo más seguro era que Santa Claus se la traería. Pero
él me contesto: "No, Santa no puede ir a donde mi hermanita está. Yo
le tengo que dar la muñeca a mi mamá para que ella se la lleve a mi
hermanita."
Yo le pregunté dónde estaba su hermana. El niño, con una cara muy
triste me contestó: "Ella se fue con Jesús. Mi papá dice que mamá se
va a ir con ella también." Mi corazón casi deja de latir. Volví a
mirar al niño una y otra vez. El continuó: "Le dije a Papá que le
dijera a Mamá que no se fuera todavía. Le dije que le dijera a ella
que esperara un poco hasta que yo regresara de la tienda."
El niño me preguntó si quería ver su foto y le dije que me
encantaría. Entonces, sacó unas fotografías que tenía en su bolsillo
y que había tomado al frente de la tienda y me dijo: "Le dije a Papá
que le llevara estas fotos a mi Mamá para que ella nunca se olvide
de mí. Quiero mucho a mi Mamá y no quisiera que ella se fuera. Pero
Papá dice que ella se tiene que ir con mi hermanita."
Me dí cuenta que el niño había bajado la cabeza y se había quedado
muy callado. Mientras él no miraba, metí la mano en mi cartera y
saqué unos billetes. Le dije al niño que contáramos el dinero otra
vez. El niño se entusiasmó mucho y comentó: "Yo sé que es
suficiente." Y comenzó a contar el dinero otra vez. El dinero ahora
era suficiente para pagar la muñeca. El niño, en una voz muy suave,
comentó:"Gracias Jesús por darme suficiente dinero".
El niño entonces comentó: "Yo le acabo de pedir a Jesús que me diera
suficiente dinero para comprar esta muñeca, para que así mi Mamá se
la pueda llevar a mi hermanita. Y El oyó mi oración. Yo le quería
pedir dinero suficiente para comprarle a mi Mamá una rosa blanca
también, pero no lo hice. Pero El me acaba de dar suficiente para
comprar la muñeca y la rosa para mi Mamá. A ella le gustan mucho las
rosas. ¡Le gustan mucho las rosas blancas!".
En unos minutos la tía regresó y yo, desapercibidamente, me fui.
Mientras terminaba mis compras, con un espíritu muy diferente al que
tenía al comenzar las compras, no podía dejar de pensar en el niño.
Seguí pensando en una historia que había leído en el periódico unos
días antes, acerca de un accidente causado por un conductor ebrio,
el cual había causado un accidente donde había perecido una niñita y
su mamá estaba en estado de gravedad. La familia estaba deliberando
en si mantener o no a la mujer con vida artificial y máquinas. Me di
cuenta de inmediato que este niño pertenecía a esa familia.
Dos días más tarde leí en el periódico que la mujer del accidente
había sido removida de la maquinaria que la mantenía viva y había
muerto. No me podía quitar de la mente al niño. Más tarde ese día,
fui y compré un ramo de rosas blancas y las llevé a la funeraria
donde estaba el cuerpo de la mujer. Y allí estaba, la mujer del
periódico, con una rosa blanca en su mano, una hermosa muñeca, y la
foto del niño en la tienda.
Me fui llorando… mi vida había cambiado para siempre. El amor de
aquel niño por su madre y su hermanita era enorme. En un segundo, un
conductor ebrio le había destrozado la vida en pedazos a aquel
niñito.
Ahora tú tienes la opción; tú puedes:
1) Cambiar de actitud y ser más sensible ante la necesidad de los
demás, pudiendo convertirte en instrumento de Dios para ayudar a
otros o
2) Actuar como si no te hubiera tocado el corazón.